Para recibir, enciende algo chispeante: bergamota con albahaca, verbena con pepino o lima con menta. Prepara el mood con burbujeo aromático que limpie el aire y anime el primer brindis. Una anécdota frecuente: bastó una vela de limón y tomillo en el vestíbulo para que los invitados preguntaran, sonriendo, si el jardín se había colado a la casa con copa en mano.
En la mesa, usa velas sin perfume o muy neutras para no chocar con mariscos, especias o salsas. Sitúa las perfumadas en repisas cercanas, a baja intensidad: hojas de higuera, notas acuosas, té blanco. Evita florales exuberantes con pescados delicados. El objetivo es que el plato hable con claridad, mientras el entorno susurra. Si alguien comenta el aroma, debe ser por su discreción impecable.
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